viernes, 26 de diciembre de 2025

EL UNICORNIO Y EL ANILLO: Un Análisis Junguiano de Legend


Cuando Legend se estrenó en 1985, muchos la percibimos como el primer tropiezo de Ridley Scott, especialmente tras la brillantez conceptual y visual de Alien, Blade Runner e incluso Los duelistas. Su propuesta parecía extraviarse en el exceso formal: una estética publicitaria llevada al límite, una fotografía saturada y artificiosa, un montaje demasiado enfático y una puesta en escena que coqueteaba más con el videoclip que con el relato fantástico de aliento mítico que parecía pretender.

Pero volver a verla hoy obliga a revisar ese juicio. Legend se revela, pese a su estética ochentera, como una fábula arquetípica de enorme relevancia contemporánea: una advertencia sobre la erosión del vínculo entre lo masculino y lo femenino, sobre la inmadurez psíquica colectiva y, especialmente, sobre la profanación de lo sagrado. Allí donde lo profundo es tratado con ligereza, la oscuridad se desata.

Como planteaba Robert Moore, la inmadurez psíquica humana, entendida como la incapacidad de asumir responsabilidad y de relacionarse conscientemente con las fuerzas profundas del inconsciente, está en la raíz de muchos de nuestros problemas individuales y sociales. Cuando esas energías primordiales no son reconocidas ni integradas, se vuelven caóticas y destructivas, dando lugar a crisis espirituales y culturales.

En Legend, esa inmadurez se hace evidente en los actos de sus protagonistas, quienes aún no han despertado a su verdadera identidad y poder interior.

Jack encarna a la masculinidad inmadura: noble, sensible, pero imprudente en su deseo de agradar. Al revelar a Lili el secreto de los unicornios —el corazón sagrado del mundo— traiciona un misterio que exige límites y respeto. No está preparado para sostener la responsabilidad inherente al cuidado de lo sagrado.

Lili, por su parte, representa una feminidad igualmente inmadura: Al igual que Eva en el mito bíblico, la princesa impulsada por su deseo caprichoso de tocar al unicornio, rompe el equilibrio original y precipita la entrada del mal. Tampoco duda en poner gratuitamente en peligro a Jack, tirando el anillo al río para que le demuestre su amor.

La inmadurez de los protagonistas y la profanación de lo sagrado —la vida, la naturaleza, el misterio, la belleza— sumen al mundo en oscuridad y desolación. La llegada del frío y la penumbra tras la profanación del unicornio actúa como metáfora de la devastación que sobreviene cuando se rompe la relación de respeto con aquello que nos trasciende, dejando al mundo vulnerable y al borde de la desintegración.

El unicornio y el anillo funcionan como símbolos centrales de esta dinámica. El unicornio encarna la pureza, el misterio y aquello que no puede ser comprendido ni poseído sin madurez; el anillo representa la unión de lo masculino y lo femenino, la integración de opuestos que sostiene la psique y el equilibrio del mundo. Solo cuando Jack y Lili maduren y aprenden a respetar lo sagrado, el anillo podrá ser recuperado y el mundo superará la oscuridad y el mal.

La derrota de Darkness es especialmente reveladora. No es la fuerza bruta lo que pone fin al poder de la oscuridad, sino la activación de dos símbolos junguianos fundamentales: la espada, que representa la conciencia diferenciadora, la capacidad de trazar límites, de discernir y actuar con rectitud; y la luz, que simboliza la revelación de la Sombra, la integración de lo negado y reprimido. Cuando ambos elementos se unen, la oscuridad la oscuridad desaparece dando lugar una vez más a la energía profunda puesta al servicio de la vida.

Ridley Scott, quizá sin proponérselo de manera consciente, filmó una parábola sobre la condición contemporánea: si no aprendemos a reconciliar lo masculino y lo femenino, a valorar lo espiritual por encima de lo material, a amar sin poseer y a custodiar la vida y la belleza del mundo, el mal y la oscuridad continuarán dominando.

lunes, 17 de noviembre de 2025

LECCIONES DE UN BÁRBARO: Todo lo que Conan te puede enseñar sobre Psicología del Desarrollo

Pocas ideas se malinterpretan tanto como la noción de “progreso” en los modelos evolutivos. En mi labor académica, donde incorporo tanto como puedo la Teoría Integral y la psicología del desarrollo a mi docencia e investigación, el error más habitual que encuentro entre quienes tienen un conocimiento superficial de modelos como la Dinámica Espiral es la tendencia a leer la “espiral” como una escala de superioridad. Se asume que los niveles altos son mejores por definición, y que los “inferiores” hay que superarlos cuanto antes al ser primitivos, fallidos y hasta peligrosos. Dicha interpretación no solo es errónea, sino profundamente reduccionista. Cada estadio, aporta algo vital a nuestra evolución individual y colectiva; y aunque cada uno proyecte indefectiblemente su sombra, ninguna de ellas invalida la importancia decisiva de su contribución.

Probablemente, el nivel más incomprendido y demonizado es el Rojo (o Impulsivo) ya que tendemos a investirlo exclusivamente con sus rasgos más insanos: el egocentrismo moral de un Jordan Belfort (El Lobo de Wall Street), para quien el mundo es un casino donde los demás son peones para su enriquecimiento y placer; la tiranía de un Negan (The Walking Dead), encarnación de un sistema de terror donde la sumisión se negocia a golpe de miedo y crueldad calculada; o el desprecio absoluto por el orden de un Alex DeLarge (La Naranja Mecánica), cuya única ley es la satisfacción inmediata de sus impulsos más violentos y hedonistas. Pese a estas patologías, reducir el Rojo a esto es no entender su esencia.

El Rojo es, ante todo, la emergencia del Yo Poderoso, la voluntad individual que se erige contra el destino y la tribu para decir "¡Yo existo, y mi voluntad importa!"

Y para entender e interiorizar esta función esencial, no hay mejor apología que el universo creado por Robert E. Howard en su serie de novelas sobre Conan el Bárbaro. La Era Hiboria de Conan no es solo un escenario para la aventura; es una crítica feroz a la supuesta superioridad de los niveles posteriores (especialmente el Ámbar, el nivel de la ley, orden y sacrificio por la "verdad única") y una reivindicación de los valores más auténticos y vitales del Rojo.

Recuerdo con claridad cómo, en mi adolescencia, me convertí en un gran aficionado a los cómics de Conan. Fueron el eslabón de enganche perfecto entre los cómics de superhéroes de esa época, que empezaban a quedárseme pequeños en su relativa inocencia, el cómic adulto europeo y la posterior revolución del cómic de superhéroes que descubriría en obras como Watchmen de Alan MooreThe Dark Knight Returns de Frank Miller.


Como dibujante y futuro autor de cómics esporádico que sería, lo primero que me atrajo fue, sin duda, el arte. Los maravillosos dibujos de Barry Windsor-Smith en los primeros números poseían una calidad orgánica y una línea fluida y decorativa que convertía cada viñeta en un cuadro prerrafaelista o un grabado art nouveau. Pero quien realmente me impresionó fue John Buscema. Su Conan anatómicamente perfecto, era una fuerza de la naturaleza dotada de un dinamismo brutal. Y ese impacto se multiplicaba exponencialmente cuando lo entintaba Alfredo Alcalá en La Espada Salvaje de Conan. Mientras que otros entintadores se limitaban a seguir y definir los lápices, Alcalá exhibía una técnica de trazos minuciosos y delicadas plumillas en la tradición de ilustradores como Franklin Booth, que dotaban a los épicos lápices de Buscema de una profundidad, una atmósfera y una madurez visual que hacían de esos cómics una experiencia más adulta y oscura que la serie regular.

La violencia y el sexo más explícitos de La Espada Salvaje de Conan eran, sin duda, un imán para mi yo adolescente. Pero, en realidad, eran los subtemas de rechazo al nivel Ámbar los que me atraían con más fuerza. En aquel entonces, yo me encontraba inmerso en mi propio proceso de integración del Rojo propio de mi rebeldía adolescente unido a la transición de Ámbar (con sus reglas absolutas, su etnocentrismo y su orden rígido) a Naranja (con su impulso por la autonomía, el logro individual y el escepticismo ante la autoridad).

El Rojo es un nivel que ejerce una fascinación poderosa, especialmente en la adolescencia y en momentos de transición, como tan bien representa Long John Silver, el pirata de La Isla del Tesoro (no hay ocupación más roja que la de pirata). Su influencia sobre Jim Hawkins es la atracción universal de la libertad, el poder y la autenticidad radical del Rojo. Volviendo a Conan, Robert E. Howard, a través de su héroe, no solo enaltece el Rojo, sino que critica ferozmente el Ámbar. Conan (quien también fue pirata durante una época de su turbulenta vida) encarna el empoderamiento radical del individuo frente a los sistemas colectivistas del Ámbar que exigen sumisión. El cimmerio nunca pide permiso, sino que toma lo que quiere con su fuerza y su ingenio. Las civilizaciones que saquea (Aquilonia, Nemedia, Stygia) son la sombra del ámbar hecha territorio: entes en decadencia, ahogados por sus propias reglas y rituales. Sus reyes son tiranos cobardes y sus sacerdotes fanáticos corruptos que usan los valores ámbar de religión y tradición para oprimir y enriquecerse. Frente a su hipocresía, Conan es íntegro y casi virtuoso: no sirve a nada más que a su propio código de honor, simple pero inquebrantable. Representa la vitalidad indómita frente a la rigidez necrótica. Es el "Yo" que se alza contra el "Nosotros" opresor, la fuerza de la naturaleza necesaria para "podar el árbol" y permitir un nuevo comienzo.

Hoy asistimos a un preocupante ascenso de la ultraderecha y del populismo de corte autoritario en todo el mundo. Desde la lente de la Dinámica Espiral, ¿podríamos ser este resurgir de energías Rojas y Ámbar reactivas una respuesta a las patologías de un Verde insano?

El Verde (el Comunitarismo Relativista) prometió igualdad, pluralismo y sensibilidad. Pero su sombra es alargada. Cuando se vuelve insano, el Verde cae en la paradoja fatal que Ken Wilber tan acertadamente denuncia : Para Verde todo es subjetivo, excepto su propio dogma, que impone con fervor fanático. La cultura de la cancelación, la intolerancia hacia cualquier disenso y el absolutismo moral disfrazado de progresismo son la manera en que el Verde insano ha integrado de forma patológica las normas Azules de "pensamiento único" y el castigo al hereje.

Ante esta imposición de un nuevo fundamentalismo moral, no es de extrañar que muchas personas, sintiéndose menospreciadas y acalladas, se atrincheren e incluso, en algunos casos, retrocedan a un Rojo que reclama poder y voz a gritos, o invoquen la Guerra Santa de un Ámbar que promete orden, claridad e identidad fuerte frente a la "confusión" Verde.

Como decía Jung, "todo lo que niegas aparece como sombra", un fenómeno que El Club de la Lucha de Chuck Pallaniuk ilustra magistralmente. Tyler Durden encarna la angustia vital y la rebelión del hombre moderno contra el sistema naranja que lo ha domesticado y debilitado.

De igual forma, el Joker de Todd Phillips muestra el estallido del Rojo colectivo frente a un sistema podrido. Arthur Fleck no es un lunático aislado, sino el espejo en el que se refleja una multitud de "Arthurs" olvidados por élites económicas naranjas y culturales verdes que los desprecian. La película retrata con precisión cómo el Rojo individual se convierte en fuerza colectiva. Es la reclamación del poder personal mediante el caos, aunque sea autodestructivo como pretendía ser la toma del Capitolio y es precisamente este caldo de cultivo el que aprovechan Trump y otros líderes de la ultraderecha para canalizar la furia Roja hacia sus propios intereses.

El desafío, como decía al principio, no es demonizar el Rojo, sino entender su mensaje e integrar su energía de una forma más consciente y adaptativa. Porque, como bien sabía el cimmerio, la civilización es solo una fina capa de barniz sobre la naturaleza salvaje y poderosa del alma humana. Ignorarla es el mayor de los riesgos.


El universo de Conan no es una invitación a quedarnos en el Rojo, sino un recordatorio monumental de lo que queda excluido cuando un nivel superior se vuelve rígido y opresivo. Esto queda perfectamente ilustrado por el propio viaje de Conán: el bárbaro que finalmente se convirtió en rey de Aquilonia, transitando exitosamente hacia un Ámbar saludable. Su historia demuestra que el verdadero poder no consiste en rechazar nuestras energías fundacionales, sino en integrarlas en una estructura más amplia y compleja.

Si un nivel de la espiral (en este caso, el Verde) marginaliza los niveles anteriores, estos volverán con furia, como un volcán que hace erupción tras ser tapado durante demasiado tiempo. Ignorar o patologizar una etapa es garantizar su regreso de la forma más cruda y desintegrada. Y el rojo está regresando con la fuerza de un bárbaro de Cimmeria.

Aquí es donde la evolución se vuelve imperiosa. El siguiente nivel en la espiral, el Teal (o Integral), representa la única salida viable a esta guerra cultural sin cuartel. Integrar los niveles anteriores es la única manera de convertirnos en los verdaderos reyes de nuestro reino interior. En este contexto, el Teal representa el arquetipo del soberano encarnado por el Rey Conán. Es el nivel central y rector de nuestro "reino interior". Teal es la respuesta porque integra y ordena las fortalezas de cada nivel sin quedar atrapado en sus sombras. De la misma manera que Neo entendió en el iluminado final de Matrix Revolutions que no se trataba de derrotar al Agente Smith sino de integrarlo, no podemos permitirnos el lujo de dar la espalda a ninguna parte de nosotros mismos. La tarea de nuestro tiempo consiste es desarrollar una conciencia integral que sea capaz de danzar con la totalidad de lo que somos, y así abrazar la energía vital del Rojo sin su egocentrismo, apreciar el orden y el sentido del Azul sin su rigidez, valorar la eficacia y la innovación del Naranja sin caer en su instrumentalismo y honrar la sensibilidad, inclusividad y relativismo del Verde, a la vez que trascendemos sus excesos. En lugar de oponer niveles, Teal los comprende como perspectivas parciales y necesarias dentro de un sistema más amplio, gestionando tensiones y polaridades para generar una visión más completa, equilibrada y verdaderamente integradora. El verdadero poder no está en dominar el mundo, sino en tener el coraje de danzar con la totalidad de nosotros mismos.


sábado, 5 de julio de 2025

“Sirat”: Retrato de una historia que ha olvidado a sus personajes.

“Sirat” tiene todos los ingredientes que hacen salivar a un crítico o a un cultureta gafapasta en plena orgía festivalera: denuncia social vestida de alegoría, atmósfera que suda apocalipsis por cada plano, trance electrónico chamánico, narrativa posmoderna enigmática y personajes tan lacónicos que uno duda si están iluminados o simplemente no saben qué decir.

El problema es que, mientras algunas capas brillan como un diamante meticulosamente pulido, otras quedan toscas, con aristas romas y grietas. Lo que apasiona a Oliver Laxe —el concepto, la crítica a la sociedad occidental, la estética del colapso, la atmósfera— lo trabaja como si fuera la piedra filosofal del cine de autor. El resto lo deja en bruto. Y claro, si tallas una gema solo por algunas caras, lo que obtienes no es un diamante: es una piedra a medio pulir que brilla solo si la miras desde el ángulo correcto… y con fe.

El mensaje de fondo es potente. Occidente bailando techno mientras todo arde a su alrededor. Ravers en trance sobre un campo de minas divirtiéndose hasta la muerte. Grandes metáforas de Occidente y de nuestra sociedad capitalista.

El agujero negro de Sirat son sus personajes. Porque ¿quiénes son esas figuras a las que les ocurren tantas tragedias? ¿Qué desean? ¿Qué piensan? ¿Cómo cambian? No lo sabemos. Y es que con un guion cuya frase más larga es “pásame el martillo”, no es de extrañar. Salvo el niño —que nos toca por puro reflejo biológico—, el resto de personajes nos importa un bledo. Son meras siluetas simbólicas, criaturas de cartón piedra envueltas en polvo y dolor. Bellos en su feísmo, sí, pero incapaces de despertar empatía. No son personas: son figurantes de un anuncio posmoderno de ONG. Tomemos como ejemplo a los raveros a los que se une Luis. ¿Cuál es la postura de Óliver Laxe frente a ellos?: ¿Los critica por frívolos o los celebra como alternativa espiritual y contracultural? ¿Son el síntoma de la decadencia o su posible cura? Respuesta: ns/nc. Seguro que Laxe dirá que lo deja abierto para que el espectador reflexione. Yo digo que no se ha molestado en ponerle bisagra a la puerta.

Y cuando la profundidad de los personajes no se trabaja, lo única alternativa para conmover es el golpe de efecto. Así, Sirat se convierte en una especie de slasher indie construida a base de traumas acumulativos: tragedia, planos contemplativos, nueva tragedia y vuelta a empezar con hilo musical de música electrónica. Pero que algo te impacte no significa que esté bien narrado. Es como quien quiere que le des la razón a base de romper la vajilla; no te convence, te chantajea. En ese sentido, Sirat es manipuladora hasta la médula.

Y así llegamos al clímax, ese momento de supuesta revelación donde Luis (un Sergi López que hace milagros con lo que le dan) cruza el famoso "sirat", ese puente mítico que separa el infierno del paraíso en la tradición islámica. Estrecho como una hoja de cuchillo, frágil como un pensamiento. Cruza porque ha cambiado, porque ha aprendido algo. Ha completado su arco (Ahí Laxe no es tan iconoclasta y tira de ortodoxia de guión). ¿Pero qué ha aprendido exactamente? Pues al parecer, que hay que dejarse llevar. ¿Zen? ¿Nihilismo ilustrado? ¿Simple resignación? Ni idea. Volvemos a la desidia de Laxe con las partes de su piedra preciosa que no le interesan: para que ese arco funcione, deberíamos haber visto a un personaje que al principio intenta controlarlo todo y que aprende a dejarse llevar. Pero el Luis controlador aparece menos en la película que su hija (el McGuffin de la historia, porque cómo va a encontrar a Mar en medio del desierto). Lo único que recuerdo sospechoso de exceso de control es desconfiar inicialmente de unos desconocidos en un entorno hostil y proteger a su hijo diciéndole que se aleje del abismo y se meta en el coche. Y yo a eso no le llamo ser controlador. Le llamo tener sentido común.

Así que el gran puente simbólico que sostiene la historia, ese sirat tan cargado de significado, se viene abajo. Porque un puente sin cimientos bien construidos no es una vía de paso: es un decorado. Muy instagrameable, sí. Pero no te pongas encima que no va a aguantar tu peso.

Y, sin embargo, hay que reconocerle méritos. Sirat me ha hecho pensar, discutir y escribir este texto. Me ha dado una excusa para preguntarme por qué una película con cosas tan buenas acaba dejándome más frío que una rave a la que a la que no llegué a ir. Y la respuesta es que el cine, como ese puente frágil entre el caos y el sentido, no se cruza solo con estética ni con metáforas. Se cruza con personajes. Con alma. Y cuando eso falta, el espectador acaba cayendo al vacío.

 

miércoles, 23 de octubre de 2024

La Sustancia: El sueño de la perfección produce monstruos

¿Qué pasaría si la búsqueda de nuestra mejor versión nos convirtiera en monstruos? Esta inquietante pregunta es la que subyace en "La Sustancia", una actualización del mito de Dorian Gray, que nos sumerge en un universo visual y temático con influencias de Cronenberg,  Kubrick, Lynch y De Palma. 


Desde la novela de Oscar Wilde, la historia de Dorian Gray ha servido como un espejo para explorar los peligros de la vanidad, la belleza y la inmortalidad. El retrato que envejecía mientras su dueño permanecía joven ha sido reinterpretado innumerables veces en el cine, la literatura y otras artes, cada vez adaptándose a los miedos y obsesiones de una nueva era. "La Sustancia" se suma a esta larga tradición con una mirada contemporánea, explorando los oscuros rincones de nuestra sociedad obsesionada con la juventud y la perfección.


En esta película, la protagonista, interpretada por Demi Moore, se enfrenta a un dilema moral que va más allá de la simple vanidad: la posibilidad de alcanzar la versión ideal de sí misma a costa de su versión previa. Al igual que Dorian Gray, se ve atrapada en una espiral de autodestrucción, impulsada por el deseo de preservar su juventud y belleza. 


Más allá de la evidente crítica a la hipersexualización, la cosificación de la mujer y los peligros de la obsesión por la perfección en una sociedad que nos bombardea constantemente con ideales de belleza inalcanzables, "La Sustancia" nos invita a una reflexión más profunda sobre la naturaleza humana. La premisa de la película de poder generar versiones más perfectas de uno mismo nos retrotrae, en cierta manera, al concepto de la "sombra dorada" de la psicología junguiana que representa el potencial no realizado, aquello que anhelamos ser y que creemos que nos hará felices. A diferencia de la mayoría de obras que se han centrado en el concepto de la sombra como el lado oscuro de nuestra personalidad, "La Sustancia" nos muestra cómo la búsqueda de esa deseable "sombra dorada" no está exenta de consecuencias inesperadas y perversas. Al alcanzar nuestra versión ideal, es nuestra identidad original la que se convierte en sombra, desatando una serie de conflictos internos y externos. Esta poco explorada idea resulta profundamente provocadora y nos invita a cuestionar nuestra propia búsqueda de la perfección.


En "2001: Una odisea del espacio", Kubrick presentaba al "superhombre" nietzscheano (aquella persona que trasciende los valores morales convencionales para alcanzar un estado superior de conciencia) como la próxima y esperanzadora etapa de la evolución humana . El "superhombre" kubrickiano representaba la máxima expresión del potencial humano, una evolución hacia una forma de vida más elevada.


Sin embargo, en "La Sustancia", Coraline Fargeat parece sugerir que en nuestra sociedad de consumo, obsesionada con la imagen y la perfección,la búsqueda constante de la mejora personal, impulsada por ideales mercantilizados y estándares de belleza inalcanzables, nos lleva a una espiral de autodestrucción. En lugar de alcanzar un estado superior, nos convertimos en monstruos para nosotros mismos.


Este paralelismo es subrayado en el tramo final de la película, donde la directora utiliza, igual que el maestro Kubrick, la música de "Así habló Zaratustra" asociada de forma indisoluble con el concepto de superhombre. Sin embargo, en "La Sustancia", esta música adquiere un nuevo significado, convirtiéndose en una partitura que acompaña en la presentación de la protagonista como una criatura monstruosa.Aparte de esta excelente contrapunto, es precisamente ese tercer acto donde la película más se desinfla.desentonando su tono hiperbólico y gore en homenaje a Troma con la reflexión más profunda que se plantea en la primera parte. La transformación de la protagonista en una criatura monstruosa, inspirada en figuras como Frankenstein, Carrie o el Hombre Elefante, resulta forzada y no logra conectar emocionalmente con el espectador.


En suma, "La Sustancia" es una película ambiciosa y visualmente impactante que plantea preguntas interesantes sobre la naturaleza humana y los peligros de la obsesión por la perfección. Si bien su exploración de la "sombra dorada" resulta novedosa y estimulante, los excesos y la falta de cohesión en el final empañan ligeramente el conjunto. 



lunes, 8 de agosto de 2022

THIS IS IT. THIS IS US.


This is it. Los Pearson se han ido. Y han dejado un enorme vacío en mi corazón. Durante seis temporadas han compartido sus vidas, sus sueños y sus decepciones conmigo. Me han hecho reír y me han hecho llorar. Y cómo. Y cuánto. 

Podría ponerme técnico y pedante y hablar de un equipo técnico y artístico en estado de gracia, de la impecable construcción psicológica de sus personajes y lo coherentes que eran sus arcos de transformación, de la brillante estructura narrativa de toda la serie y de cada uno de sus episodios con sus intrincados saltos temporales (con la enorme complejidad que ello conlleva en términos de plan de producción). Pero This is Us no es eso, o no sólo eso, porque This is Us está hecho con mucha cabeza pero es, sobre todo, alma y corazón. Es una celebración de la vida, una lección magistral sobre su sentido y una oda a la familia. This is Us habla de lo que significa ser padre, ser madre, ser hijo o hija y ser persona.  Habla, en definitiva, de ti y de mi, de todos nosotros. 

Gracias Jack, Rebecca, Kate, Randall, Kevin y todos los demás. Os echaré de menos. Gracias por recordarme lo que es importante. Gracias por hacerme un poco mejor persona. 

Así queremos ser. Así somos. This is Us.



lunes, 16 de julio de 2018

¡APRENDED A REIR!


Siempre me ha gustado y, a la vez, sorprendido la figura del Buda que ríe. Lo he encontrado en muchos templos budistas durante mis viajes por Asia. Me ha gustado pues es una figura simpática y divertida y me ha sorprendido al compararla con la iconografía religiosa occidental, tan seria ella, carente de actitudes tan abiertamente divertidas. Este hecho, que puede parecer trivial, es la prueba material de la superioridad de la filosofía oriental sobre la occidental.

La tradición espiritual occidental (judaismo, cristianismo e islamismo), teñida de una solemnidad y una seriedad desproporcionadas, ha mirado siempre con recelo a la risa y la diversión. Lo mismo ha ocurrido con la filosofía occidental con movimientos decididamente nihilistas y pesimistas. Esto no ocurre en la filosofía y la espiritualidad oriental, mucho más optimista y positiva.

Desde mi punto de vista la risa es un rasgo fundamental de un maestro espiritual o cualquier otra persona que haya alcanzado la santidad o iluminación. Jesús y Mahoma estoy seguro que debían estar riéndose constantemente aunque siempre nos los presenten tan adustos. Y es que reírse es estar en el aquí y ahora. No te puedes reír sin estar presente.

Nuestra cultura judeocristiana, tan imbuida de culpa y sufrimiento, está profundamente equivocada. El mundo es belleza, la vida es goce y debemos saborear cada segundo adoptando una actitud epicúrea hacia la existencia.

La risa es el mejor remedio contra el ego. Para sobrevivir hay que darse cuenta de la gran Broma.

Nietzsche, tan lúcido a menudo, nos exhortaba a aprender a reír. Reír es el secreto. No hay más

“Esta corona del riente, esta corona de rosas -¡os la arrojo a vosotros, hermanos! He santificado la risa: hombres superiores, ¡aprended a reír!”
(F. Nietzsche: “Así hablaba Zaratustra”)




lunes, 15 de junio de 2015

Persona integral, líder integral- Jornadas Integrales 2012




Ponencia que impartí en 2012 con motivo con motivo de las Jornadas de la Asociación Integral Española.

viernes, 22 de mayo de 2015

Evolución de la Conciencia y Desarrollo Humano y de las las O.: una pers...


Aquí os dejo una conferencia que tuvo el placer y el honor de impartir en la Universitat Jaume I  de Castellón el 16 de diciembre del 2014 y en la que hablo de evolución de la conciencia y dirección integral de empresas y organizaciones.

domingo, 25 de mayo de 2014

SNOWPIERCER: UN ROMPEHIELOS CONTRA LA REALIDAD ILUSORIA


Mi buen amigo Álex siempre te desea buen viaje antes de ver una película. Este bonito ritual es especialmente adecuado para esta película, basada en un comic homónimo, que narra el viaje en tren de los últimos supervivientes de la humanidad a la vez que le propone al espectador un viaje introspectivo al interior de su mente para tratar de revelarle una serie de verdades trascendentes.

Se trata de un viaje ambicioso y complejo, que tiene distintas estaciones y que podríamos calificar de accidentado, a causa de algunos defectos del vehículo (la limitadísima interpretación de Chris Evans; el esquematismo de unos personajes de cartón piedra y sin arco de transformación que son poco más que peones al servicio de la historia; el ritmo de la película, incluso o sobre todo en los momentos de acción…), sin embargo el destino al que conduce y la parte final hacen que el viaje valga la pena.

En la superficie Snowpiercer es otra película distópica que habla de revolución y lucha de clases en la tradición de Metrópolis y con clara influencia del universo surrealista que nos presentara Terry Gilliam en Brazil. Desde ese punto de vista, poco aporta a la abundante literatura y cinematografía existente al respecto. Pero el rompehielos sigue abriéndose paso en su viaje y nos lleva a otra estación del viaje al fondo de la condición humana, poniendo de manifiesto la facilidad con que los seres humanos nos quedamos encerrados en patrones mentales y, en definitiva, formas de vivir que, por insatisfactorias que sean, no somos capaces de cambiar. Nos identificamos con un rol determinado (oprimido, obrero, soldado, party animal… por citar algunos de los que nos presenta la historia) y ya somos incapaces de salir de ese vagón, pese a que sepamos que hay muchos otros, repletos de posibilidades. Evidentemente, el sistema sabe y se aprovecha de esa tendencia humana y utiliza todos los mecanismos a su alcance para potenciarla, siendo la educación, como deja bien patente Snowpiercer, uno de los principales. 

Y al acercarse a la última estación es donde el rompehielos atraviesa la capa de hielo definitiva y donde raya a mayor altura, con un último acto de muchos quilates y un clímax impresionante, enriquecido con la presencia nada casual de Ed Harris, nuestro Gran Hermano favorito. En un giro de guión brillante, se nos revela que la historia y, en definitiva, la vida no van de progresar de un vagón a otro, ni de derrotar a los opresores. Por mucho que lo consigamos seguiremos en un tren que no va a ninguna parte, incapaz de salir de su círculo vicioso, de su rueda kármica. Sus tripulantes son meros hamsters encerrados en una jaula y dando vueltas a una rueda con la fútil esperanza de llegar a algún lado, como tan brillantemente expresara el cortometraje ganador del Festival de Venecia "El Show de Trumouse" de Julio Robledo (efectivamente, mi estimado hermano). La liberación definitiva implica acabar con el ciclo del sufrimiento, como diría el budismo, y para ello es necesario tener la valentía de abrir la puerta y apearse del tren. Pero para ir al Cielo, nos dice una lectura no mitológica del cristianismo, hay que estar dispuestos a sacrificar nuestro ego y los absurdos roles con los que se identifica. 

Ése es el mensaje trascendente y espiritual de Snowpiercer, un mensaje ontológico sobre la naturaleza de la realidad, probablemente el más importante que pueda y deba transmitirse que, dada su complejidad las principales tradiciones filosóficas y espirituales han tratado de explicar mediante mitos y alegorías análogas (la caverna platónica, el concepto de Maya hinduista, la doctrina de la salvación cristiana, el samsara budista etc.). En cine ya son muchas las obras que se han atrevido con la trascendental misión de rasgar el velo de la realidad aparente y mirar al otro lado, siendo la más destacables  la trilogía de Matrix, El Show de Truman, Cube,  Pleasantville o Dark City. Snowpiercer no alcanza la excelencia de esas grandes obras, y se sitúa en un respetable segundo nivel junto a cintas como Oblivion o Abre los ojos.

domingo, 22 de enero de 2012

La hora del 1,2,3


Os presento mi último cortometraje “La Hora Del 1,2,3” protagonizado por el gran Simón Andreu. Yo lo defino como una historia pequeña sobre la grandeza del corazón humano. Es un homenaje a las personas que se sacrifican otras y cuya dedicación no es suficientemente reconocida en una sociedad tan egoísta como en la que vivimos. Se trata de un drama con elementos de suspense y un punto de humor negro cuya intención es conmover al público dejándole una sonrisa en los labios.

Ya ha sido seleccionado para varios festivales destacando el Festival Iberoamericano de Cortometrajes ABC.es (FIBABC), uno de los certámenes más asentados en el circuito, que está en la lista de festivales en los que hay que obtener un galardón como requisito para poder ser nominado a los Premios Goya.

Os dejo el enlace directo para que podáis verlo y si os gusta que votéis para el Premio del público del FIBABC.

http://fibabc.abc.es/videos/hora-123-1609.html

jueves, 3 de marzo de 2011

CISNE NEGRO: UN CUENTO DE HADAS MODERNO


Tras un aciago 2010 en que muy pocas películas lograron realmente emocionarme ("Un hombre soltero", "Las múltiples vidas de Mr. Nobody" y poquita cosa más), el 2011 ha arrancado muy prometedor ("También la lluvia", "Monstruos", "De dioses y hombres", "127 horas") y ya nos ha obsequiado con su primera maestra: "Cisne Negro".

Y eso que los productores, supongo que con la intención de captar público, montaron un trailer que me hacía temer lo peor, algo así como “Showgirls con tutú”. Sin embargo Aronofski añade una tercera obra maestra a su granada pero escasa filmografía (las otras dos son "Pi" y "Requiem por un sueño").
Un complejo guión en que realidad, ficción y metaficción se entremezclan, la soberbia dirección (como suele ocurrir tristemente olvidada por la Academia de Hollywood que prefirió la convencional El discurso del Rey), la impresionante fotografía (los opresivos encuadres, la inquietante cámara en mano, los omnipresentes juegos de espejos que no habían sido tan bien utilizados desde "La Dama de Shanghai"), la maravillosa música del habitual Clint Mansell y la magnífica interpretación cargada de matices de Natalie Portman, hacen de "Cisne Negro" una película casi perfecta a la que sólo le pongo peros en unos pocos momentos puntuales de truculencia excesiva.

"Cisne Negro" es una de las mejores películas de la historia del cine en torno al jungiano tema de la sombra (en dura competencia con "El Club de la Lucha", "Carretera perdida", "Mulholland Drive" y "Una historia de violencia"). Recordemos que la sombra es, en pocas palabras, la parte de nuestra psique que el ego reprime y que queda relegada a nuestro inconsciente. El concepto de sombra de Jung ha sido abundantemente tratado por la literatura ("El Doctor Jekyll y Mr. Hyde"), el cine ("La Guerra de las Galaxias", además de las antes citadas, y no puedo evitar mencionar mi modesta contribución al tema con el cortometraje "Sombras") y el comic ("Hulk"), pero en donde primero aparece este arquetipo es en la mitología y los cuentos de hadas. Por ello, Aronofski bebe de esas fuentes primigenias y nos presenta un oscuro cuento de hadas protagonizada por Nina Sayers (interpretado por Natalie Portman, la nueva princesa virginal del Hollywood actual, destronando a Winona Ryder que en la película interpreta, en un gran acierto de casting, a la anterior cabeza de cartel de la compañía), niña modélica, como su nombre indica, siempre vestida de blanco virgen y recluida del mundo real, como una bailarina de una caja de música, en su habitación repleta de peluches. Su represora madre, la bruja del cuento, la ha convertido en ese cisne blanco de personalidad complaciente, sexualidad reprimida y obsesionada por el control y la perfección.

La oportunidad de complacer definitivamente los designios de su madre, convirtiéndose en la bailarina estrella que aquélla no lograra ser, surge cuando consigue el papel de bailarina principal en “El Lago de los Cisnes” de Tchaikovski. Pero como dicho papel es de naturaleza dual y tiene que interpretar tanto al cisne blanco como al negro, será a la vez la oportunidad para manifestar el lado reprimido de su personalidad, que en su caso se trata de la sexualidad, la espontaneidad y lo instintivo. Nina se embarca en una lucha esquizofrénica y obsesiva entre su yo consciente (el cisne blanco) y su sombra (el cisne negro). El inconsciente de Nina se va manifestando cada vez con mayor frecuencia y ella es presa de un proceso de transformación tanto interior como exteriorª (impresionantes los efectos visuales que, en ciertos momentos, nos hacen recordar a los de otra película sobre la sombra: "La Mosca" de David Cronenberg). Nina se da cuenta de que liberar su lado oscuro es el único camino para seducir al príncipe, para liberarse del hechizo de su represora madre y, en definitiva, para madurar y alcanzar la individuación.

En un impresionante clímax, Nina logra integrar las dos facetas de su personalidad, el cisne blanco y el negro. Para los alquimistas el cisne representa la unión de los contrarios, y una personalidad equilibrada debe necesariamente asumir dicho principio para alcanzar la totalidad. Sin embargo, el sacrificio que Nina tendrá que hacer para lograrlo será muy grande, pero como ella misma dirá en un momento de la película, también extraordinariamente bello,dando lugar a uno de los finales más sublimes de los últimos tiempos, digno colofon de una película memorable.
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ªDos apuntes al respecto: ´1. La simbología de las uñas en interpretación de los sueños tiene que ver con conflictos familiares. 2. En inglés "la piel de gallina" se dice "goose bumps", es decir, alude al ganso, pariente cercano del cisne

viernes, 15 de enero de 2010

LA FILOSOFÍA DE LA FUTILIDAD

Hacía tiempo que tenía que haber colgado en el blog mi último corto "La Filosofía de la Futilidad", pues lleva ya meses corriendo por internet, en la página de la ACIB y en Dailymotion.

La película es un drama social sobre los problemas y las presiones a los que se ven sometidos los adolescentes de hoy en día. El título "La Filosofía de la Futilidad" alude a cómo en nuestra sociedad de consumo le damos excesiva importancia a cosas superfluas como nuestra apariencia o nuestras posesiones materiales. En un sociedad dominada por el consumismo mi historia invita a reflexionar sobre lo que realmente es importante para alcanzar la felicidad. Como se dice en un momento del corto: “La felicidad no depende de lo que tienes sino de lo que eres”. Lo esencial siempre es intangible y la joven protagonista aprenderá esta lección de la manera más dura como resultado de la tragedia personal que supondrá lograr sus deseos para luego darse cuenta de que lo que ha tenido que sacrificar a cambio era mucho más importante.

La Filosofía de la Futilidad es una historia centrada en los personajes. Una de mis máximas preocupaciones ha sido construir personajes tridimensionales, de carne y hueso, complejos y alejados de cliché o arquetipo alguno. No hay buenos ni malos. Todos son humanos, demasiado humanos, en mayor o menor medida víctimas de las circunstancias en las que se encuentran y contra las que luchan lo mejor que pueden y saben: familias desestructuradas, consumismo, culto a la apariencia, acoso escolar, alienación social… Espero que lo disfrutéis.

jueves, 31 de diciembre de 2009

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO



Un triunfante homínido lanza al aire un hueso tras utilizarlo como arma, plano que se encadena con el de una nave espacial. Es la elipsis más larga de la historia del cine. Miles de años separan ambos planos, que sin embargo están tremendamente cerca, pues no son más que productos de la inteligencia creativa, el secreto del éxito de la especie humana.

Obra de honda raíz nietzschiana, 2001 describe el pasado, presente y futuro de la evolución humana, que culminará con la aparición del superhombre. Un misterioso monolito será el mudo testigo de los puntos de inflexión de dicha evolución y del enfrentamiento entre hombres que se comportan como máquinas y máquinas profundamente humanas.

Zaratustra oye como Strauss, habla como Nietzsche y ve como Kubrick.

jueves, 15 de octubre de 2009

MATRIX REVELATIONS (II): EL FIN DE LOS OPUESTOS

(Artículo aparecido en la revista Namaste)

Matrix, es, para muchos, una obra maestra del cine postmoderno. En cambio, sus secuelas son consideradas innecesarias y fallidas por un amplio espectro de crítica y público.

Ciertamente, Matrix es más redonda que Matrix Reloaded y Matrix Revolutions. El principal problema de estas últimas es estructural, al constituir una película partida en dos por un molesto “continuará” (como El imperio Contraataca y El Retorno del Jedi). Lo ideal hubiera sido fundir Reloaded y Revolutions en una o haberlas hecho autoconclusivas. Sin embargo, están injustamente infravaloradas y en este artículo trataré de reivindicarlas y de demostrar que las tres forman un todo, siendo absurdo analizarlas por separado. Tomadas como trilogía, constituyen una de las obras más ambiciosas de la historia del cine, en temática, logros y mensaje.

Al final de Matrix, Neo despierta y se convierte en una suerte de superhéroe nietzschiano, mezcla de Luke Skywalker y Jesucristo. Ha trascendido el samsara, descubriendo la red ilusoria que es matrix. No sin dudas, como Jesucristo, asume su papel de Salvador y emprende una cruzada para liberar a los hombres de las máquinas. Elegir el camino de la violencia es señal de que aún no ha alcanzado el Nirvana. Neo ve la realidad en base a opuestos, no ha superado su ego y sigue preso del sufrimiento y el deseo, los principales obstáculos, según el budismo, a la iluminación.

La primera parte aisladamente es una convencional película de buenos y malos, dualista y maniquea: opresores y oprimidos, hombres contra máquinas, el Bien contra el Mal. Una especie de Star Wars más adulta, con referencias budistas y el mismo patrón narrativo del viaje del héroe de Joseph Campbell. Reloaded y Revolutions aportan una complejidad y riqueza que desintegran la, hasta ahora, marcada frontera entre el bien y el mal.

Esto ocurre por primera vez cuando el Oráculo le revela a Neo que ella es un programa. Resulta que no todos los programas del complejo sistema operativo Matrix buscan someter a la humanidad y van apareciendo aliados y simpatizantes: Seraph, Perséfone, Sati... Incluso muestran sentimientos humanos, como el amor de Rama Kandra por su hija.

Matrix Reloaded y Revolutions profundizan en temas sólo esbozados antes: libre albedrío, poder, iluminación... Reloaded en concreto, reflexiona sobre el libre albedrío. Si la trilogía avanza en base a elecciones (píldora roja o píldora azul, puerta de la derecha o puerta de la izquierda...), Reloaded presenta, encarnadas en sendos personajes, distintas posturas filosóficas sobre ellas. En su primer encuentro Morfeo le pregunta a Neo si cree en el destino. Éste contesta que cree en su capacidad de decidir el futuro. Morfeo, en cambio, es determinista: tiene fe en las profecías del Elegido y en las predicciones del Oráculo, pero también cree que lograr el propósito al que está llamado depende de su esfuerzo (“No veo coincidencia, veo providencia”. “Estamos aquí no porque seamos libres, sino porque no lo somos”). No en vano, cree que el Oráculo no dice el futuro, sino lo que necesitan oír para alcanzar su destino. Su postura es compatibilista, combinando determinismo y libre albedrío. Por contra, Merovingio cree en un determinismo fatalista, en el que el pasado y las leyes de la naturaleza causalmente conducen a un único futuro (parece replicar a Morfeo cuando dice: “donde otros ven coincidencia, yo veo consecuencia”). Los Wachowski dejan que el espectador decida si las decisiones de los personajes cuentan o si no son más que peones de un complejísimo juego sutilmente manipulado por fuerzas superiores, de la misma forma que las masas esclavizadas de píldoras azules creen que matrix es la única realidad que existe.

Los titiriteros que mueven los hilos son el Oráculo y el Arquitecto. Junto con Sati (la niña que crea la aurora en el epílogo) forman una "Trinidad" similar a la hindú integrada por Brahma (el Creador), Vishnú (el Preservador) y Siva (el Destructor). El Arquitecto es el programa diseñador de Matrix, un Yahvé con apariencia de burócrata de barba y traje blancos, que desde su panóptico particular, una habitación repleta de monitores, vela por la estabilidad de matrix. Es determinista, pues su creación pretende ser un sistema armónico de precisión matemática. El Oráculo (mujer, en la mejor tradición de los oráculos griegos) es la madre de matrix, la que la dotó de elección y que busca desequilibrarla mediante sus profecías y su apoyo a El Elegido. El enfoque de ambos personajes es opuesto: La racionalidad masculina contra la intuición del Oráculo. Su diálogo final así lo demuestra: “Lo sabías” sugiere el Arquitecto. “No. Lo creí” replica la interpelada. Los Wachowski toman partido, finalmente, en favor del libre albedrío. Tal vez Smith se equivocaba y la libertad, la verdad, la paz y el amor son algo más que constructos del intelecto humano que intentan justificar una existencia sin significado o propósito. Tal vez valga la pena luchar por ellos. Tal vez nuestra existencia tenga sentido.

La dualidad Arquitecto/Oráculo no es casual. El yin y el yang es integral a la sofisticada cosmogonía de la historia. Del mismo modo que una moneda tiene una cara y una cruz unidos por metal (su principio generador o tao) todos los opuestos son complementarios e indisociables de forma que uno es imposible sin el otro. Sólo así se entiende la paradoja que pone de manifiesto el Consejero Hamann de que los humanos dependan de la tecnología para mantener Sión y luchar contra las máquinas (“estas máquinas nos mantienen vivos y las otras nos quieren matar”). Hombres/máquinas, mente/cuerpo, eros/agape, Neo/Smith, Neo/Trinity, son algunos opuestos de la historia. Los más importantes son estos últimos y conviene analizarlos en profundidad.

Como mantienen Gnosticismo y tantrismo, hombre y mujer no pueden encontrar la iluminación separados. Neo y Trinity representan la parte masculina y la femenina de la divinidad que combinadas dan lugar a una Rebis alquímica o entidad andrógina que logra la conjunción de los opuestos y el cese del tormento de la separación. El mensaje es que hemos de terminar con el enfrentamiento entre opuestos, tan del gusto de machistas y feministas y aspirar a una cierta “androginia mental”. Hablar de Neo y Trinity es también hablar de amor. Del amor entre hombre y mujer (eros) y del Amor divino y como sacrificio (agape), algo que en nuestra sociedad egoísta e individualista estamos olvidando y que aparece en múltiples momentos (en Matrix incluso homenajeando el beso revitalizador de La bella durmiente, sólo que invirtiendo los géneros). Y principalmente, del Amor como principio motor del Universo.

Neo y Smith son opuestos, antagonistas de objetivos antitéticos: un troyano, una anomalía que amenaza el sistema contra un programa antivirus. Pero en realidad se necesitan, son complementarios. En Matrix, Smith no lucha contra Neo, sino contra Anderson (en el clímax, Smith sentencia “Adiós, señor Anderson” y el otro contesta: “Me llamo Neo”). Lo que parece una réplica es, en realidad, una confirmación. Neo ha vencido a Anderson, su alter ego, gracias a Smith. Neo derrota a Smith metiéndose dentro de él. Le contamina de su esencia y le convierte en otro virus. Smith ve la dorada luz del espíritu y deviene un ángel caído. Su condición demoníaca se subraya con su capacidad de replicarse poseyendo a otros. Es legión. Pero a medida que la historia avanza los extremos se tocan: Neo se vuelve cada vez más máquina (“Es una máquina”, exclamaba un asombrado Mouse al ver la destreza con que Neo se desenvolvía en el mundo virtual) y Smith más humano (crece y se multiplica como los humanos, cosa que en la primera parte confiesa que es lo que más odia). La impresionante batalla final de Matrix Revolutions es un Apocalipsis reminiscente del Miracleman de Alan Moore, en el que el diluvio bautiza a los contendientes lavándoles del pecado original de la separación. Neo se da cuenta de que debe dejar de luchar y hacerse uno con Smith, su Sombra. Sólo alcanzará su yo esencial y la paz espiritual, si trasciende e incluye la parte de él que ha alienado.

La liberación ha de ser para todos, hombres y máquinas. No puede haber vencedores y vencidos pues todos somos Uno. Es necesario redimir todos los planos de la realidad, para integrarlos y acabar con la fragmentación. Neo lo ve sólo tras dejarlo ciego Smith (de nuevo su antagonista es su mejor aliado). Los Wachowski insisten sobre la falibilidad epistemológica de los sentidos y la necesidad de abstraerse de ellos para alcanzar la iluminación. Sólo un invidente puede ver que los otros son víctimas de una alucinación colectiva. Sólo cuando Neo queda ciego es capaz de ver la auténtica luz, la del espíritu. Y la Ciudad de las Máquinas está imbuida de la luz dorada espiritual. Negar el mundo espiritual nos hace verlo como máquinas o demonios que te atacan. Neo muere en un sacrificio póstumo y alcanza la paz espiritual. Vuelve a la fuente. Matrix se transforma. Los opuestos se han unido y un nuevo ciclo comienza.